Hace ya casi dos años que se anunció Las tierras más allá de Brujaluz, una nueva campaña para Dungeon & Dragons en su 5ª edición que tendría lugar en Feywild, el Plano Feérico que en español se ha querido rebautizar ahora como Parajes Feéricos. En aquel momento muchos (entre los que me incluyo) nos sentimos emocionados.

Los Planos Feéricos de cualquier ambientación (y ahora estamos en una mezcla de 90% Reinos Olvidados, 6% Greyhawk, 3% Mystara y 1% de batiburrillo de otras cosas) nunca han sido muy bien definidos. Pero claro, tiene su explicación. Lo feérico hace referencia a las hadas, al Reino del Verano, a ese viaje nocturno de la obra teatral de Shakespeare, a las ensoñaciones gaélicas de Arturo en Avalon y demás folklore celta-anglosajón. Suelen ser reinos maravillosos, cambiantes, cuyas leyes físicas no responden ni siquiera a la «lógica» de la fantasía épica.

Con una geografía de morfología mutable, distancias que cambian de un momento a otro, y donde el tiempo no se corresponde con el del Plano Material, pudiendo vivir una semana en sus maravillosas tierras, y que en «nuestro» mundo de origen hayan transcurrido décadas. A eso le sumamos gobernantes caprichosos, los Señores y Damas Feéricos (Archfeys en el original), de voluntad voluble, inspirados de nuevo en las figuras de los reyes Oberon y Titania, de la obra del Cisne de Avon. Sus tierras están plagadas de criaturas de colores brillantes, de magia salvaje, de ingenio y maravillas, pero también de genio fácil y burbujeante. No hace falta decir que estábamos ansiosos por ver cómo retrataría esta 5ª edición algo tan mágico como los Parajes Feéricos.

Y entonces llegó The Wild Beyond the Witchlight (aquí, Las Tierras más allá de Brujaluz).

Las Tierras más allá de Brujaluz © Wizards of the Coast

La premisa de la campaña

La campaña, a grandes rasgos, seguía las desventuras de los personajes jugadores, aquí un grupo de aventureros que en cuya infancia tuvieron un encuentro con la magia feérica a través de una feria extraña y fabulosa llamada Witchlight (esto…, Brujaluz). Allí, perdieron «algo» —un recuerdo, la capacidad de reír, como ejemplos— y años después vuelven a encontrarse con esta feria de curiosidades. Tras visitarlo y adaptarse a lo que es un atisbo de lo feérico, los personajes se verán envueltos en una trama para tratar de rescatar a Zybilna, una dama feérica traicionada por sus hermanas, las sagas del Aquelarre Hourglass, que se han repartido su Dominio Feérico en tres y han dejado a esta en un estado de estasis. 

Para situarnos, un Dominio Feérico (Domain of Feywild) o Dominio del Placer (Domain of Delight) funciona como los Dominios del Pavor (Domains of Dread) aparecidos en la Guía de Van Richten para Ravenloft (y que llevan describiéndose desde los tiempos de AD&D). Es decir, cada Dominio es como un reino en sí mismo, con su líder feérico (como sus contrapartidas, los Señores Oscuros de Ravenloft), con su geografía, su gazetteer, criaturas propias, y temática. 

En cuanto a Brujaluz… tiene sus curiosidades; pero para verlas tenemos que hacer un repaso. Brujaluz es una feria itinerante, perteneciente al Plano Feérico, pero que viaja por el multiverso llevando sus maravillas a cualquier rincón de cualquier mundo. Tiene sus propias normas, un amplio plantel de personal y unos curiosos directores: Mister Witch y Mister Light (¿Señor Bruja y Señor Luz?), dos shadar-kai (elfos del Páramo Sombrío, o Shadowfell, súbditos de la Reina Cuervo) que hicieron un trato con Isolda, una eladrin (elfos de Feywild).

Isolda dirigía Brujaluz, Witch y Light dirigían otra feria conocida solo como «El Carnaval» (que, por cierto, está descrito como uno de los Dominios del Pavor en la Guía de Van Richten para Ravenloft). Mientras que Brujaluz es una feria de maravillas feéricas, todo lleno de luz, color y brilli-brilli… El Carnaval es un freakshow, una feria de rarezas tétricas y lúgubres que se mueve también por los planos del multiverso, como un reverso tenebroso de Brujaluz. Isolda quería huir de su jefa y amante (¡sorpresa!) Zybilna, así que orquestó un cambio de dueños durante un tiempo. Y así es como unos shadar-kai se hicieron con una feria de hadas, y una valiente eladrín se convirtió en jefa de una sombría feria de monstruos. ¿Y El Carnaval?

Antecedentes de la campaña

Como mucho del contenido de 5e que va sacando Wizards, El Carnaval ha sido otro refrito de algo anterior. En 1999 salió una aventura para AD&D llamada Carnival, escrita por John W. Mangrum y Steve Miller, que tenía como subtítulo «for use in Ravenloft or any other campaign setting». Ahí se retrataba ya a todos y cada uno de los integrantes del freakshow que luego fueron también reaprovechados en la Guía de Van Richten.

Portada de Carnival, de John W. Mangrum y Steve Miller
Portada de Carnival, de John W. Mangrum y Steve Miller

¿Primera decepción? No tenemos aquí el plano de Feywild sino UN SOLO dominio (ahora dividido en tres), Prismeer. Creo que muchos esperábamos un entorno mucho más amplio. Segunda decepción, sin querer entrar en spoilers, la trama es lineal y aburrida, con un final casi de railroad, que «introduce» un personaje histórico de la mitología de D&D pero cambiándolo por completo, dándole otra personalidad y todo para servir a los designios de una aventura que hace aguas. 

El lado bonito de Brujaluz

Pero Brujaluz tiene algunos puntos a favor. Primero, las opciones de personaje, por ejemplo, esas dos nuevas razas oficiales que se añaden a las cada vez más numerosas: los Pixies (hadas pequeñitas) y los Haregon (gente conejo). Algunos objetos son una pasada (como los arneses con alas de mariposa gigantes para poder volar por ahí), el bestiario está relativamente bien nutrido de criaturas feéricas (la bestia desplazadora «especial» es una delicia), y el arte total del libro es impresionante (mención especial el mapa gigante con Brujaluz por una cara, y Prismeer por otra). En cuanto a diseño de aventuras y de escenario, la feria de Brujaluz es de lo mejor que hay pero, como he dicho, no es nada original.

Las tierras más allá de Brujaluz
El arte, una de las cosas más espectaculares de Las tierras más allá de Brujaluz © Wizards of the Coast

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