En un artículo anterior hablamos sobre el horror folk y lo que puede aportar este género a D&D. E incluso recomendábamos El Bosque Negro, un corto del enorme Paul Urkijo que ejemplifica bien la mezcla de la que veníamos hablando en dicho texto. Hoy retomamos el horror folk para dedicar unas pocas palabra a cómo podemos adaptar distintos monstruos clásicos del Monster Manual a este subgénero del terror.

Goblins en horror folk

El caso de los goblins es curioso. La criatura folclórica de la que se inspiran, el gobelinus, era un demonio o criatura oscura que hacía de las suyas en los alrededores de la ciudad de Évreux en Normandia, tal y como nos lo contó Orderic Vital en su Historia ecclesiastica. Sin embargo, en D&D ha perdido todo ese aura demoníaca para convertirse en un tipo de humanoide asalvajado. Por eso encuentro divertido la opción de devolverle un poco de su carácter original, convirtiéndolos en pequeños pero malévolos “demonios” (en realidad criaturas antiguas que se han sincretizado con estos) que realizan buenos pero peligrosos servicios a las comunidades rurales a cambio de ofrendas o sacrificios, y que moran en los márgenes de las aldeas hasta que son convocados. 

Estos goblins han convertido su hogar en una trampa mortal, llena de repugnantes ofrendas que se pudren, pero son sorprendentemente serviciales y curiosos fuera, al menos hasta que está claro que no van a recibir los sacrificios que demandan, sus protegidos les ordenan atacar o se siente violentados por algún tabú. Y es que algo que puede dar mucho caracter a estos goblins es otorgarles tabúes aparentemente inocuos o absurdos que sirvan o bien para protegerse de ellos, o bien para provocar su rabia (como puede ser vestir ciertos colores o materiales, silbar, etc), o comportamientos que no puedan evitar (por ejemplo, que se vean obligados a limpiar zapatos sucios, contar monedas o tener un fuego siempre encendido).

Orcos en horror folk

El orco, el monstruo de nivel bajo por antonomasia, se me antoja una oportunidad fantástica de sorprender, cosa fácil ya que el orco es a estas alturas de la vida uno de los seres más sobreexplotados de Dungeons & Dragons.

Una de las opciones, aunque no es mi favorita, es presentarlos como seres integrados aparentemente en la cultura mayoritaria de la región en la que juguemos, pero que tras esa fachada de “normalidad” mantienen ritos, costumbres y creencias paganas. Estas pueden ser de adoración a la naturaleza o a dioses ancestrales que otorgan fertilidad, fuerza y salud a cambio de su adoración. La idea sería una doble subversión del tropo del orco como un enemigo salvaje, primero mostrándolo como una criatura “civilizada” para posteriormente descubrir que sus creencias paganas siguen ahí, y que son más fuertes o terribles de lo que podrías pensar en un principio.

La segunda idea me gusta más. Divinizar a los orcos. Convertirlos en la fuerza que los aldeanos humanos del hermoso y alejado territorio en el que se desarrolla la aventura adoran. Les entregan carne, vino, sacrificios pero también devoción, bailes y cantos a cambio de recibir su protección frente a otras amenazas del exterior, de realizar uniones de las que salgan niños “benditos” por estos orcos deificados y quien sabe si incluso algún tipo de renovación de la tierra que asegure las cosechas. 

Trolls en horror folk

Podemos unir la idea de los orcos divinizados a la hora de aportar una capa de horrorfolk a los trolls. Pensadlo, son unas criaturas enormes y poderosas, dotadas de una increíble capacidad de regeneración que les permite recuperarse de las peores heridas. No es descabellado imaginarse una sociedad aislada que durante generaciones ha mantenido un culto entorno a estos monstruos, adorándolos mediante elaborados rituales sangrientos en los que le entregan lo que este pida (sacrificios vivos seguramente) a cambio de poder realizarle cortes terribles que sanen a la vista, simbolizando la renovación de las estaciones, el fin del solsticio o aseguren las cosechas.

Otra opción es abrazar el troll del folklore escandinavo, el personaje pagano que fue reconvertido tras la cristianización del territorio, dándole características que lo acercan más a las hadas. Tal vez pueda convertirse en gato o pasar por un ser humano, se conviertan en piedra si se les expone a la luz del Sol y sean enemigos de los dioses y creyentes de las “nuevas” religiones (es decir, aquella que sea mayoritaria en nuestro mundo de juego) atacando a sus templos o viéndose ahuyentados por sus campanas.

Conclusión

No es realmente difícil, si tenemos claras las premisas del género, adaptar monstruos que se han vuelto aburridos de tanto verlos, al horror folk. De todas formas, todo lo que hemos comentado son tan solo unos pocos ejemplos y nuestra particular visión. Introducir estos cambios, especialmente si lo hacemos de forma discreta, puede generar una potente sorpresa en el momento de la relevación e incluso ser la antesala a algún momento terrorífico al no quedar del todo claro la naturaleza de la amenaza que los personajes deben afrontar.

Esperemos que os ayuden a inspiraros a la hora de embellecer de forma terrorífica vuestras aventuras.

Clérigo DnD 5e

Categorizado en:

Etiquetado en:

, , ,